La tradición popular nos dice que encontrar un trébol de cuatro hojas, llevar una pata de conejo encima, colgar una herradura en la puerta de casa o tocar madera nos puede proporcionar suerte en nuestra vida. Sin embargo, encontrarnos con un gato negro, romper un cristal o pasar por debajo de una escalera son situaciones que nos traerán mala suerte. Las supersticiones son una ilusión que nos hacen creer que controlamos el azar o, cuanto menos, que nuestra suerte depende de las circunstancias exteriores. ¿Cuánto de cierto veis en estas creencias?
A menudo, ser conscientes que muchas de las cosas que nos pasan en la vida son fruto de nuestras acciones y que, por tanto, nosotrxs somos responsables de lo que nos pasa, puede ser muy duro de aceptar. A las personas nos resulta mucho más sencillo asumir que un fracaso o una frustración es responsabilidad de otro que nuestra: Si no es nuestra responsabilidad, si depende de otro o del azar, podemos convencernos de que hemos hecho lo que podíamos y, por tanto, nos quedamos más tranquilxs.
Ahora bien, aceptando que los responsables de lo que pasa en nuestra vida somos nosotrxs, podemos decidir sobre aquello que hacemos o no hacemos, podemos tomar decisiones y, por tanto, actuar. ¿Marca esto alguna diferencia? Sin lugar a dudas. El primer paso para iniciar el camino que reforzará nuestra capacidad creadora de buena suerte es tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos con respecto a nuestra propia vida y las decisiones que tomamos en ella. Como dice Raimon Samsó, “lo que no es la buena suerte es estar esperando a que tu vida mejore sin tú mejorar. Esto es imposible, no puede pasar. Es decir, las personas no pueden ser felices por casualidad, como tampoco pueden ser ricas por casualidad, no pueden ser buenos padres por casualidad, ni pueden hacer que sus relaciones sean mejores por casualidad”.
Por el efecto boomerang, la energía que desprendemos por amor, generosidad o bondad nos es devuelta sobradamente y nos puede llegar de las personas más inesperadas en el momento más inesperado. Amarnos incondicionalmente y permitirnos soñar y participar de la concreción de nuestros sueños en la vida, es decir, permitir que pase aquello que deseamos, desde la responsabilidad proactiva, nos facilitará un camino de vida basado en la buena suerte creadora.
En este sentido, la profecía de autocumplimiento nos enseña algo importante: la actitud desde la que pensamos las cosas puede llegar a afectar cómo acaban siendo estos hechos. Robert K. Merton, en Teoría y estructura social, define que “la profecía que se autorrealiza, al principio, es una definición “falsa” de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación acontezca “verdadera”“. A menudo estamos tan convencidxs que algo malo nos va a pasar que acabamos actuando para que sea así. Es un hecho recurrente en nuestras vidas: si nos creemos que no podemos hacer algo y nos lo repetimos, acabaremos por no poder hacerlo. A menudo, pues, somos nosotrxs mismxs los que autosaboteamos nuestros propios anhelos.
Así pues, para generarnos buena suerte es importante desconectarnos de energías destructivas como puedan ser el pesimismo o la pasividad. Los pensamientos fatalistas no nos permiten crear oportunidades; al contrario, nos generan dificultades que nos barran el paso. Cambiando nuestra forma de comunicarnos con nosotrxs mismxs, con nuestro entorno y con el mundo y dejando de marcar el “no” para buscar el “sí”, la afirmación y la automotivación, muy probablemente podremos conseguir más de lo que nos creemos.
Así mismo, también es importante estar receptivos a lo que pasa a nuestro alrededor para ser generadores de buena suerte, no sólo a la hora de detectar oportunidades sino también mostrando voluntad de interactuar amorosa, creativa y positivamente con nuestro entorno. Por ejemplo, si buscamos pareja hemos de transmitir que no estamos ansiosos por obtenerla sino que tenemos facilidad para dar y recibir; si nuestro problema es de dinero, en lugar de pensar en aquello que no tenemos o nos falta, hemos de orientarnos hacia lo que ya tenemos y lo que vamos a obtener en un corto plazo de tiempo.
Al final, generar buena suerte depende de nuestra forma de ser y estar, especialmente con nosotrxs y nuestros actos. Siendo capaces de creer en uno mismo, sabiendo que no es la casualidad la que rige nuestras vidas, sino que somos nosotrxs más causa que efecto de lo que nos sucede. Asumiendo que somos responsables de nuestra vida y que podemos crear oportunidades para conseguir llegar a los sueños que nos proponemos.
¡Buena suerte!
Referencias:
-Merton, Robert K. (2002). Teoría y estructura sociales. México: Fondo de Cultura Económica.
-Picasso, Pablo. (2010). Les eines del bricolatge emocional. Barcelona: Columna Edicions.
Archivado en suerte ecologia emocional educacion emocional inteligencia emocional emotional education emotional intelligence ee responsabilidad actitud pesimismo fracaso efecto boomerang autocumplimiento proactividad automitivacion atencion
Cada día, sin excepción, nos suceden cosas buenas: una buena comida, el saludo de un desconocido, una película que nos ha hecho sentir vivxs… No tienen que ser grandes hechos, sino pequeñas grandes cosas que endulzan nuestro día a día. Cuidarlos y valorarlos depende de nosotrxs y, a su vez redunda en un mayor bienestar psicológico. ¿Qué haces tú para proporcionarte felicidad cada día?
Por nuestra parte, os ofrecemos un ejercicio con el que practicar la gratitud y beneficiaros del aporte emocional vitamínico:
Diario de gratitud: las tres cosas buenas
- Cada día, al caer la noche, nos reservaremos 10 minutos para revisar los acontecimientos del día.
- Anotar en el diario TRES cosas positivas y/o buenas que nos hayan sucedido.
- Valorar cada situación positiva con una puntuación que vaya del 0 al 100.
- Registrar el porqué han sido positivas.
- Repetir el ejercicio durante al menos una semana.
- Al final de la semana, revisar los registros para reforzar el estado de bienestar.
Archivado en inteligencia emocional IE educacion emocional emotional education emotional intelligence ecologia emocional gratitud
Algunas de las problemáticas que podemos observar en nuestra aula compite a aquellos alumnos que, inhibidos y/o marginados, quedan fuera de la cohesión grupal. Estos alumnos, junto con los más disruptivos comparten, muy probablemente, sentimiento de no-pertenencia al grupo. Sabemos que el sentido de pertenencia podría implicar un mayor cumplimiento de las normas y, por tanto, una mejora en el clima emocional de clase.
Hablar de los conflictos internos del grupo permite que lxs alumnxs aprendan a darse crédito entre sí, a escucharse y respetar el turno de palabra; a expresarse, convencer y justificar sus propuestas, opiniones y/o sugerencias; a desarrollar las habilidades empáticas y a tomar decisiones de forma democrática, a aplicar normas de funcionamiento mediante consenso así como de las consecuencias establecidas por acuerdo.
Para ello, proponemos la siguiente secuencia de trabajo (Díaz Aguado, 1999) para hacer partícipes a lxs alumnxs en la definición y la elaboración de las normas de clase:
- Constituir equipos de trabajo cooperativo.
- Analizar los problemas de convivencia que ocurren habitualmente en el aula. Para ello se deberá tener especial cuidado en no convertir las sesiones de debate en una culpabilización personalizada, sino la de asumir la responsabilidad como grupo en la convivencia.
- Reflexionar sobre las posibles normas que deberían respetarse para que dichos problemas no se dieran o, si ocurriesen, pudieran resolverse de manera adecuada.
- Fijar las normas mediante murales, Internet, etc. para que todos los participantes las tengan presente.
- Reflexionar sobre cómo controlar el cumplimiento de la normativa, estableciendo un sistema de consecuencias educativas justas para cuando se incumpla alguna norma.
- Hacer reuniones periódicas de evaluación del cumplimiento de las normas.
Fuente: Vallés Arándiga, Antonio. 2007. Inteligencia emocional para la convivencia escolar. Madrid: Editorial EOS.
Archivado en inteligencia emocional IE gestion democratica emotional intelligence aprendizaje
En la Universidad un profesor venía observando que una de sus clases no tenía la motivación suficiente y estaba detectando que la autoestima estaba cada vez más baja, así que un día comenzó su conferencia sosteniendo en su mano un billete de 500 euros mientras se lo enseñaba a todo el alumnado. En el aula había en ese momento más de cien estudiantes a los que les preguntó:
-¿Quién de ustedes desearía que le regalara este billete de 500 €?
De inmediato se levantaron muchas manos, tal como era de prever. El profesor dijo entonces:
-Le voy a dar estos 500 € a uno de ustedes pero primero déjenme hacer esto-. De inmediato procedió a estrujar el billete, preguntando después -¿Alguien lo quiere todavía?
Las manos se levantaron nuevamente y en mayor número que antes.
-Bien-, replicó -¿qué pasa si yo hago esto?- Lo tiró al suelo y comenzó a pisarlo con su zapato, y levantándolo ahora completamente aplastado y sucio, volvió a preguntar -Ahora, ¿quién de ustedes todavía lo quiere?
Otra vez las manos de casi todos los estudiantes se levantaron rápidamente.
-Bien, pues síganme un momento-, dijo mientras salía por la puerta de la clase sin detenerse hasta llegar al exterior del edificio.
Esperó a que terminaran de salir sus alumnos y cuando todos le habían rodeado de nuevo, cogió el billete sucio que llevaba aun en su mano y lo tiró a un charco lleno de barro y hojas secas volviendo a pisarlo para que se quedara totalmente inmerso en el lodo.
-¿Alguien de ustedes lo querría todavía?- preguntó a la concurrencia, volviendo a ver como todas las manos se levantaban de nuevo. -Queridos alumnos, acaban de aprender la lección más importante del todo el curso.
Los alumnos se miraban entre si perplejos sin acabar de entender lo que su viejo profesor quería transmitirles, pero siguió hablando.
-No importa lo que le pasó al billete. Lo he arrugado, tirado al suelo, pisoteado, metido en el barro más sucio y, aún a pesar de todo ello, ustedes todavía desean tenerlo. ¿Por qué? Sencillo, porque todavía no ha perdido su valor. Todavía vale 500 €. Muchas veces en nuestras vidas somos pisoteados, estrujados, y tirados al barro; la vida y las circunstancias nos hacen pasar por momentos duros y nos sentimos como si fuéramos inservibles, como si no sirviésemos para nada absolutamente. Sin embargo, no importa lo que les haya ocurrido o lo que les ocurrirá, ustedes nunca perderán su valor porque lo que ustedes valen no reside en la situación que les rodea ni en las condiciones en que ustedes viven en cada momento; el verdadero valor reside en su interior y eso nunca cambiará. Y nada, por duro o malo que ocurra, podrá modificar el valor interior de cada uno de ustedes; no lo olviden nunca. Sucio o limpio, pisoteado, arrugado o impecablemente planchado ustedes son lo que hay dentro de cada uno.
Fuente: García, M. El billete de 500€. [Recurso electrónico]
Archivado en espiritualidad autoconciencia educacion emocional inteligencia emocional IE emotional intelligence emotional education